Antes de empezar, debes
saber, una vez más, que se me puede dar mal expresar lo que siento. Que las
largas horas de llanto profundo pesan cada vez más. Que la emoción se ahogó en el
último sollozo, pero el hecho de que un corazón sea de piedra no quiere decir
que no sienta nada.
Me pregunto dónde está el
límite entre lo que te hace bien y lo que puedes seguir aguantando, sosteniendo
la pala con la que se escaba tu propia tumba. Cuando estás acostumbrado a las
decepciones, a los cuchillos que te clava la gente con la que te sentías bien,
a la inocencia que se desgasta con cada vez que no puedes dormir por la misma
razón de siempre. Todo se repite.
Estás tú solo en esta vida y
no hay más opciones que seguir adelante aunque haya cosas que no te gusten, qué
le vamos a hacer. El corazón ya se ha hecho de hielo y no tiene vuelta atrás,
no le afecta más nada y efectivamente, habla con frialdad. Existe ya una coraza
que no hay dios que pueda destruirla. En estos momentos, justo ahora mismo, no
soy capaz de sentir nada, lo siento.
Es como vivir sin más, estar
por estar, estar por callar, por no decir lo que quiero. Siempre quedarán cosas
por decirte, siempre. En ese instante en el que sólo quieres huir de tu cruel
realidad, no se te ocurren las palabras que benefician a un alma sana y un
favorecido karma. Me acordaré de ti cuando tenga la ilusión de contarte algo…
pero ya no estés.
No me digas que no te
sientes influenciado por la masa del falso poder, de querer controlarlo todo,
del egoísmo, de tener mucho morro, porque no me lo creo. Quiero alejarme,
porque no quiero estar cerca de mis demonios ninguna vez más. Esta vez soy yo
el Diablo. Y que sea algo corto para que no pueda ser proporcional al dolor. Como
amor pasajero. Lo sé… por dentro sé que estoy mintiendo.
Qué le vamos a hacer, qué le
vamos a hacer, si el caballo tordo no quiere ir por el sendero que va el
caballo oscuro por mucho que le quiera. Es como naufragar durante días sin la
esperanza de ver tierra firme, como volar a ciegas hacia el sol rodeado de nubes
negras. Es creerse en el Edén, cuando vas por el bosque infernal.
Ahora bien, las consecuencias:
Las
consecuencias…
Lanzas una bomba sin mirar donde cae y sales corriendo. Así no se hacen las cosas.
Sin embargo, te entiendo, tienes miedo.
Te está dando razones
suficientes para saber que no es para ti. Te reemplaza en 10 minutos. Aparenta
ser lo que no es. Ya te lo dijo: ‘’No quiero que haya confusiones’’.
Entonces, ¿por qué
prolongarlo más?
Las
consecuencias…
Las consecuencias de decir lo que sientes están destinadas a ir a mejor, por el
camino correcto, siempre que las sepas decir con el corazón.
No temas. Es difícil no
huir, lo se, pero lo estás haciendo bien. Poco a poco liberarás eso que tienes
dentro. Tu pequeña finalidad es expulsarlo de tu vida. ¿Por qué? Porque no
quieres pasar por lo mismo de siempre, lo tienes claro.
Las
consecuencias…
también pueden ser perjudiciales para la otra persona. ‘’Responsabilidad
afectiva’’ lo llaman, pero, ¿y yo? ¿Dónde quedo yo en eso, si sigo como hasta
ahora?
Se quedará todo en su lugar
con el tiempo aunque no lo entiendas. Esa es la consecuencia última.
Como amigos con derecho,
pero… sin derecho al amor.